Homeopatía ‑ Vol. 62: 259‑264, 1997

 

Enfermedades crónicas, reflexión y formación de subjetividad

 

Dr. Juan Carlos  Pellegrino

Médico

Profesor Titular de la A.M.H.A.

 

Summary

In the hard work of conceptualizing an homeopathic epistemology, one of the issues 'o leal vith have to be the formation of the homeopathic subjectivity, this is the imporlant and supposecl1y natural part in the medical doctor‑patient act. A way of not naturalizing it, and consequently ignoring it, is a critic study, as the one attempted in this article.

 

Resumen

En el arduo trabajo de conceptualizar una epistemología homeopática, uno de los temas a tratar debe ser el de la formación de la subjetividad homeopática, ésta es parte importante y supuestamente natural en el acto médico‑paciente. Una manera de no naturalizarla y por ende ignorarla, es su estudio crítico, como se intenta en este artículo

 

Enfermedades crónicas, reflexión y formación de subjetividad

 

Este trabajo tiene la intención de reflexionar sobre el marco teórico necesario para lograr una metodología que permita el mejor tratamiento de las enfermedades crónicas.

Enfermedad crónica entendida desde los principios hannemannianos de totalidad, de diátesis y series complementarias.

El pensar homeopáticamente confiere una conducta mental, que en muchas sociedades médicas ocupa un lugar marginal y casi subterráneo, a pesar del rigor, realismo y coherencia de este pensamiento.

El hecho de sostener como principio la semejanza ya establece una ruptura epistemológica, en relación a conceptos de igualdad.

La lógica del pensamiento homeopático por lo que toca a su forma de razonamiento, es distinta en relación al hecho observado.

Este razonamiento introduce un orden en la naturaleza que tiene en cuenta lo sensible y lo analógico en el análisis de las cualidades, cómo búsqueda de un sistema total.

Con simpleza diríamos que el homeópata relaciona:

Esto se parece a aquello o esto no se parece a aquello. Tal vez de aquí surja la antinomia que algunos han pretendido introducir, sosteniendo que el pensamiento homeopático es irracional, global y cualitativo, en oposición al de la ciencia que sería exacto, conceptual y cuantitativo. Dice Octavio Paz: "el positivismo en ciencia hace que la química moderna reduzca la variedad de los perfumes y sabores a la combinación, en proporciones diferentes, de cinco elementos: carbono, hidrógeno, oxígeno, azufre y ázoe. Esta observación es correcta por la precisión, la exactitud y la fineza, no de nuestros sentidos ni de nuestra razón, sino de nuestros aparatos".

"Se establece una relación entre lo sensible y lo inteligible, las cualidades son signos que se integran en sistemas significativos por medio de relaciones de oposición y semejanza. Lejos de estar sumergido en un mundo oscuro de fuerzas irracionales, el sensible vive en un universo de signos y mensajes.

El pensamiento sensible parte de la observación minuciosa de las cosas y clasifica todas las cualidades que le parecen pertinentes, enseguida integra esas categorías concretas en un sistema de relaciones. El proceso puede reducirse a estas etapas: observar, distinguir y relacionar".

Toda medicina que tenga como objeto la sanación integral del hombre, deberá contemplar esa singular alquimia, entre el conocimiento científico y el arte de curar.

El arte de curar no puede desconocer afectividad, sensibilidad, mito, metáfora, simbolismo y todo lo inherente a la formación de subjetividad de la condición humana.

Trabajar sobre la formación del espacio de la subjetividad en medicina homeopática, me ha parecido un tema que nos debíamos.

Subjetividad como lo relativo a nuestro modo de sentir o pensar y no al objeto en sí mismo.

Poder pasar al decir de Bachelard "adecuadamente por el trayecto que va desde la percepción considerada exacta hasta la abstracción felizmente inspirada en las objeciones de la razón". Esto me parece necesario para evitar especulaciones personales lideradas sólo por la intuición. Eco dice: "el hombre no renuncia a las exigencias de la razón, hace un balance entre ésta y la intuición, una preserva a la otra de sus abusos y tentaciones y la una enriquece a la otra con sus adquisiciones".

El conocimiento empírico tiene que ver con la sensibilidad; cuando éste se racionaliza debe lograrse un equilibrio, para tener la mayor precisión en la descripción de lo real.

En medicina homeopática, por el hecho de incluir un sujeto y una historia, cobra relevancia la palabra. Manejamos una lengua como encuadre común del entendimiento, pero además significamos el habla como uso particular de la lengua. Esto es esencial para la semiología. En igual situación, una misma palabra conceptualiza en forma diferente. Una misma palabra designa y explica al mismo tiempo. La designación es la misma, la explicación es diferente. Si decimos salud, la palabra es la misma pero el concepto es diferente, ya sea si es tomado por un médico alópata u homeópata.

La cadena de conceptualizaciones posteriores a partir de la explicación diferente, creará subjetividades distintas.

La subjetividad que toda designación conlleva, actúa muchas veces como obstáculo pedagógico en la adquisición de nuevos conocimientos, Más aún cuando se cree que algo se sabe, peor aún cuando se piensa que algo se ha comprobado.

Se puede pensar que es natural que una afección física limite al individuo y le provoque un estado anímico acorde a la limitación dada por la afección; sólo a través de una ruptura de este esquema de pensamiento podrá adquirirse una nueva subjetividad para conceptualizar la enfermedad como un todo. Estos obstáculos no sólo están en quien intenta aprender, sino también en quien intenta enseñar, cuando no se desprende de un lugar de supuesto saber, para convertir la relación en una dinámica tal, donde quien enseñe no mande.

La transmisión en la enseñanza debe evitar la adhesión pasiva del educando a una supuesta serie de certidumbres. Sólo se producirá la ruptura en un aferrarse a lo conocido, si la trasmisión contempla el sentido crítico en la enseñanza instituida. Debiéramos tener la duda de si las instituciones se contemplan como un lugar de controversia que invita a un pensamiento crítico. Y si es aconsejable que el educando repita exactamente el saber que le ha sido dado, o si en la formación de la nueva subjetividad, se valora el pensamiento.

El primer obstáculo a romper es con el conocimiento adquirido que considera natural un sólo modo de ver las cosas.

Cuando Hahnemann propone al observa­dor libre de prejuicios, está proponiendo esta nueva subjetividad.

Cuando nosotros hoy tomamos el fenóme­no sintomático como manifestación del desequilibrio 'miasmático de la fuerza vital, exigimos la individualidad subjetiva que le dará el valor de característico o peculiar.

El síntoma es más valioso cuanto más individual es y más alejado esté de la cultura a la cual pertenece el sujeto.

Es decir es mucho más significativo que un profesor universitario sea supersticioso, a que lo sea un indígena africano. Lo mismo sucede con el temor a las tormentas. Hace un siglo y medio Goethe en Werther, describe la siguien­te escena en un baile de época "Antes de finalizar la danza, los relámpagos que hacía tiempo veíamos brillar en el horizonte, pero que hasta ese momento yo había hecho pasar por relámpagos de calor, aumentaron consi­derablemente, y el ruido del trueno cubrió la música. Tres damas salieron precipitadamen­te de las filas, sus caballeros las siguieron, el desorden se hizo general y los músicos enmu­decieron. Muchas damas hacían extraños ges­tos. La más razonable se sentó en un rincón, dando la espalda a la ventana y tapándose los oídos. Otra arrodillada delante de la anterior, ocultaba su cabeza entre las rodillas de aque­lla. Una tercera se había deslizado entre sus dos hermanas, a las que abrazaba derraman­do un torrente de lágrimas.

Algunas querían volver a sus casas, otras aún más extraviadas ya ni mantenían la sufi­ciente presencia de ánimo para defenderse de la temeridad de algunos jóvenes audaces, que parecían muy ocupados en recoger en los labios de estas hermosas afligidas las plega­rias que ellas en su pavor, dirigían al cielo".

Esta turbación social de la época provoca­da por la tormenta, que hoy parece pueril, formaba parte de la cultura del momento.

Cuando la razón explica el fenómeno del true­no la persistencia reiterada del temor se con­solida como síntoma individual.

Cuando damos el mayor valor a un sínto­ma por considerarlo instintivo es porque éste subjetivamente pertenece a las convicciones básicas, a la necesidad de la certeza inmedia­ta, a la íntima creencia más alta de la razón. El medicamento bien indicado desata la irra­cionalidad miasmática que impide el logro de los altos fines de la existencia.

Jones en 1925 describe la apoyatura teórica sobre la que se basaba la utilización de la valeriana y la asafétida en la antigüedad: "El uso corriente de la valeriana como remedio específico contra la histeria, nos ofrece un ejemplo de funcionamiento del mecanismo de la racionalización. Conviene recordar que la asafétida y la valeriana fueron administradas durante siglos porque se creía que la histeria era el resultado de las migraciones del útero a través del cuerpo, y se atribuía a tales reme­dios malolientes la virtud de restablecer el ór­gano en su posición normal, con lo que des­aparecerían los síntomas histéricos. Si se­paramos, como lo proclama la ciencia actual, la teoría de la experiencia, veríamos cómo los antiguos no obstante una falsa concepción teó­rica de la histeria, descubrieron empíricamente un método eficaz de tratamiento aunque dando de su acción una explicación absurda.

Asafétida, también llamada heces del dia­blo, se describe en la materia médica ho­meopática, remedando cuadros de histeria de tipo flatulento, con trastornos por descargas bruscamente suprimidas. Humor muy cam­biante, con desmayos, muy sensible a dolores y a la más mínima impresión con sensación de bola que sube en el esófago y la ahoga.

Valeriana está descripta en cuadros de histeria con hipersensibilidad con temperamen­to cambiante e inestable, alternancia marcada de síntomas mentales con gran aflujo de pen­samientos e ideas y excitación con temblores. Sensación que un hilo está colgando desde la garganta hacia el vientre.

Hay muchos otros ejemplos de posturas teóricas irracionales, compatibles con una práctica empírica eficaz. Es tal vez este el concepto que lleva a Hahnemann, a establecer el parágrafo primero del Organón cuando dice en la nota al mismo: "tantos médicos han gastado su tiempo y sus fuerzas por alcanzar celebridad, forjar sistemas, combinando teorías y vanas hipótesis acerca de la esencia íntima de la vida y la producción de enfermedades en el interior invisible del cuerpo, enredando todo esto en un laberinto de abstracciones ininteligibles, cuya pompa dogmática engaña a los ignorantes, al paso que los enfermos esperan en vano el alivio. Bastante desvaríos tenemos a los que se da el nombre de medicina teórica".

"La única y suprema misión del médico es la de restablecer la salud que es lo que se llama curar".

Esta definición fundacional de Hahnemann conlleva el reconocimiento del método empírico basado en la observación del hecho y la prevención crítica al mismo evitando la interpretación de los hechos, elaborando erróneas teorías.

Un hecho: el león es un animal fuerte. Dice Bachelard: "Se comprenderá que los retratos de los animales, bajo el signo de una falsa jerarquía biológica, están cargados por rasgos impuestos por la fantasía inconsciente del narrador. Cuando se dice: el león es el rey de los animales, es porque conviene a un partidario del orden que todos los seres, aún las bestias, tengan un rey".

Estos ejemplos de subjetividad en relación a los hechos, es lo que seguramente prevenía a Hahnemann para insistir con el "observador libre de prejuicios". Hoy decimos: tal vez sea difícil estar libre de todo prejuicio, pero al menos mantener el alerta para evitar la interferencia de ellos. La experiencia médica homeopática es doble, es objetiva, es subjetiva, es ciencia, es arte. Trabajamos sobre un hecho peculiarizado por la subjetividad del paciente que da lugar a la rica semiología

homeopática; y con el control de nuestra propia subjetividad en la decodificación semiológica del mismo. De allí que en la trasmisión no se pueda enseñar como una mera verdad objetiva, sino que existe un simbolismo vinculante inherente a todo arte. Hay pasión, hay mística, hay espíritu.

Al decir de Sartre la existencia precediendo a la esencia".

El conocimiento empírico cargado de subjetividad debe balancearse con la razón. Una experiencia particular no siempre debe ser generalizada en multiplicidad de hechos. Si "B" sigue a "A" no siempre es consecuencia de "A". Por ejemplo: cuando llueve el suelo se humedece, se puede suponer que si el suelo está húmedo es porque llovió.

Debemos tratar de no naturalizar las circunstancias, el "parirás con dolor", aparente hecho natural fue cambiado por la razón, con el "parirás sin temor", que disminuyó el dolor.

Tampoco deben ser racionalizados todos los hechos, y menos los humanos, porque cuando se trata de eliminar la subjetividad de un ser, es el ser mismo lo que se quiere eliminar.

Aquí es necesario entender el sentido común y la formación de opinión, porque cuando hacemos la toma del caso homeopático también trabajamos con esto.

El sentido común determina una subjetividad compartida por un conjunto social. Es un sentido compartido por el común de una sociedad. Constituye un resguardo tranquilizador donde todo tiene respuesta. Si un señor observa que tiene escalofríos durante la micción, y consulta por esto, se le harán estudios, y ante la negatividad de estos, al no estar en presencia de gérmenes, el sentido común indicará que nada tiene, que no está enfermo. En un encuadre homeopático éste es un síntoma valioso. Esto nos lleva a coincidir con Pav1ovsky cuando dice:

"Debernos encontrar espacios donde independientemente de la maquinaria florecen otras opciones existenciales, experiencias que no se pueden explicar por la historia, sino que son desvíos de la historia, la producción de espacios de subjetividad diferentes a los habituales".

El pensamiento homeopático es una ruptura en relación a la razón oficial instituida. No somos ni alternativas ni complementarias, simplemente distintos.

Khun sostiene "que la ciencia normal suprime frecuentemente innovaciones fundamentales, debido a que resultan necesariamente subversivas para sus compromisos básicos.

Toda comunidad científica sostiene "paradigmas" como realizaciones reconocidas que proporcionan modelos de problemas y soluciones, que sirven a dicha comunidad".

" La competencia entre fracciones de la comunidad científica es el único proceso histórico que da como resultado, en realidad, el rechazo de una teoría previamente aceptada a la adopción de otras".

Una comunidad homeopática que comparte un paradigma, crea una subjetividad común, que permite un pensar semejante. Es decir se elabora un sentido común, que forma una opinión institucional; que tiende a vivirse como natural.

¿Cómo se inserta aquí el pensamiento crítico o pensamiento del sujeto que intenta cambios sin producir fracturas?.

El pensamiento crítico es aquello que Sartre definió como un acto individual que compromete al sujeto en un proyecto coherente y responsable, dirigido al conjunto como propuesta de cambio.

El sujeto carga con la responsabilidad de su enunciación y no puede desvincularse de las consecuencias de sus actos, excepto que actúe de mala fe.

Por ejemplo, un médico homeópata que propone un cambio debe asumir la lógica de encadenamientos que su proposición desencadena.

Es decir, si él se asume homeópata, implica que adhiere a una visión determinada de la medicina, acepta los principios en los cuales la homeopatía se basa, se siente partícipe de la cultura e historia de la medicina homeopática y su critica y propuesta de cambio debe propender al avance del conocimiento. En toda cultura hay ritos, costumbres, pensamiento mágico, racional, expresión verbal, gestual, simbólica, criterios de salud, enfermedad y muerte. Todo esto está naturalizado, es decir con un consenso de que es así.

El pensamiento crítico problematiza aquello que parece natural. Cuestiona lo que siempre fue así.

Cuando tomamos una historia clínica y el paciente nos responde reiteradamente repitiendo la pregunta, esto, que en su subjetividad es natural, en nuestra decodificación es un síntoma. 0 cuando alguien lleva con dolor una pena antigua, o vive intensamente el sufrimiento ajeno como propio, o se siente abandonado. Corrobora esto Aristóteles cuando en relación a la naturaleza humana dice: "La costumbre puede ser una cosa agradable, aquello a lo que estamos acostumbrados se convierte en algo natural. En efecto, la costumbre se parece de alguna manera a la naturaleza, porque no hay demasiada distancia entre frecuente y siempre, y si la naturaleza dice siempre, la costumbre dice frecuente". El valor de lo clásico es reconfirmado en la actualidad cuando Guattari nos dice: "En las brumas y miasmas que oscurecen nuestro fin de milenio, la cuestión de la subjetividad retorna hoy como un leitmotiv.

Lo mismo que el aire y el agua, ella no es un dato natural. ¿Cómo producirla, captarla, enriquecerla, reinventarla permanentemente para hacerla compatible con universos de valores mutantes? ¿Cómo trabajar para su liberación, es decir, para su resingularización?".

Los homeópatas no debemos excluirnos de este desafío, especialmente porque trabajamos con ella y nos guiamos con su interrogación. Cuando luego de una prescripción, cualquiera sea el devenir preguntamos: ¿Cómo se siente usted?, estamos trabajando con la percepción subjetiva del paciente y con la nuestra en la decodificación.

Cada individuo posee un modelo subjetivo que si bien tiene que ver con su conocimiento, no deja de lado lo mítico, lo ritual, lo sintomatológico, todo esto posicionado en relación con sus afectos, sus angustias, sus inhibiciones y pulsiones, en distintos grados e intensidades. En la relación médico‑paciente, además de la subjetividad del paciente y el médico, también está la de la familia, el entorno, etc. En la formación de la subjetividad hay instancias individuales, colectivas e institucionales.

Este tema al igual que muchos otros, merece estudiarse e incluirse en la formación de una epistemología homeopática.

El rechazo sistemático de la subjetividad en nombre de una mítica objetividad científica, continúa siendo hoy reinvidicado por claustros que se arrogan la representatividad del saber.

Creo que quien mejor ejemplifica la diferencia entre las construcciones científicas exactas y la vida cotidiana cargada de subjetividad es Castoriadis cuando dice: "un caballo utiliza los desniveles del suelo en su galope. Que haya suelo y huellas es la condición y la consecuencia de su carrera. A partir de las huellas de los cascos se puede llegar a reconstruir la dirección del caballo, quizás hacerse una idea de su velocidad y del peso del jinete, pero nunca saber quién era éste, en qué pensaba, ni si corría en busca de su amor o hacia la muerte". Cuando hablamos en clínica homeopática de un cómo, un por qué y un para qué, necesariamente están implícitos una historia, un sujeto y un sentido. Sin éstos ningún acto de comprensión es posible.

Cuando Hahnemann en 1810 publica su Organón lo llama "del Arte de Curar; este enunciado conlleva la participación del sujeto, la historia y el sentido.

En esto de la formación de la subjetividad, no quisiera dejar de dar mi opinión sobre metodología y doctrina.

Hay una doctrina homeopática a la que todo homeópata adhiere por el hecho de ser tal. Es decir una identidad común.

También hay una metodología clásica, para la investigación de cada caso individual, cuyo fin es el logro terapéutico. Es cierto que ésta en la amplia mayoría de los casos es suficiente.

Entonces ¿por qué hay diversidad de métodos para la toma del caso, es decir, aproximaciones de metodología miasmática, grafológicas, de la simbología, de la signología, etc.?

El método es una idea nueva, una posibilidad distinta, útil en la frontera del saber.

No pone en cuestión la doctrina, sino que, seguro de lo adquirido, se arriesga en una adquisición. Goethe decía "quienquiera que persevere en su investigación se verá obligado tarde o temprano a cambiar de método",

El método nuevo, es la consecuencia del fracaso de lo usual, en algunos casos. Un método particular, si es verdaderamente fecundo, determina ampliaciones en los conocimientos establecidos.

 

Bibliografía

BACHELARD G. ‑ La formación del espítiru científico.

BACHELARD G. ‑ El compromiso racionalista.

KUHN T.S. ‑ La estructura de las revoluciones científicas.

GUATTARI F. ‑ Caosmosis.

BENASAYAD M. ‑ Charlton E. ‑ Esta dulce certidumbre de lo peor.

FOUCAULT M. ‑ El yo minimalista.

HAHNEMANN S. ‑ Organón.

CASTORIADIS C. ‑ La institución imagina

PAZ Octavio ‑ Obras completas.

 

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