HOMEOPATÍA VOL. 57:157 158,1992

 

VENENOS ANIMALES

 

Dr. Juan Carlos Pellegrino

Médico

Profesor titular de  la A.M.H.A.

 

En el parágrafo 19 Hahnemann nos dice "que las enfermedades no son más que alteraciones en el estado de salud del individuo que se manifiestan por signos morbosos”. Los medicamentos nunca podrían curar las enfermedades si no poseyeran el poder de alterar el estado de salud del hombre, dependiendo únicamente de esto su poder curativo".
En el parágrafo 20 continúa diciendo: Esta fuerza inmaterial que altera el estado de salud del hombre y por consiguiente puede curar enfermedades permanece oculta en la esencia íntima de los remedios y no podemos conocerla en sí misma por los solos esfuerzos de la razón. Únicamente por la experiencia que obtenemos de los fenómenos que desarrolla sobre el organismo humano podemos tener un conocimiento claro de ella".
Ya en 1664, Kircher, profesor de la escuela de Avignon en un trabajo sobre venenos afirmaba: "El equilibrio del mundo, sólo se asegura por la oposición de los semejantes. Donde está la enfermedad está el remedio oportuno para curarla", en clara alusión a la ley de semejanza hipocrática.
Así vemos lo relativo del conocimiento humano, donde los temibles venenos pondérales capaces de matar o lesionar gravemente, se convierten en agentes de salud al ser modificados por la dinamización, que aleja el estado tóxico acercando al terapéutico. Esto refrendado sin lugar a dudas por la ley de Arndt Schulles.
Aquí es donde se produce a mi criterio la mayor ruptura epistemológica hahnemanniana.
Hasta Hahnemann todo lo conocido se basada en lo ponderal, mayor acción terapéutica o mayor acción tóxica estaba dada por el aumento de las cantidades, todo se basaba en las relaciones químicas. A partir de él la mayor acción terapéutica se logra cuanto más nos alejamos de lo ponderal, al romper la barrera química dada por el NQ de Avogadro, las dinamizaciones actúan por los principios de la física molecular, sobre esa particular susceptibilidad biológica.
Creo yo que el paradigma de los venenos animales de uso homeopático es Lachesis, este ofidio de la familia solenoglifos comprende varias especies, en nuestro país las conocemos como víbora de la cruz y yarará.
Con sólo dos centígramos de veneno de Lachesis se mata 650 grs. de animal en 24 horas, esto experimentado en cobayos. Según la época del año o su estado fisiológico el reptil produce mordeduras que oscilan entre 3 y 38 centígramos. Su acción tóxica se ejerce sobre el sistema nervioso y la sangre. Su marcada acción bulbar, actúa sobre los centros vagales produciendo sensación de asfixia, taquicardia y arritmia, disnea y cianosis, angustia, sopor, convulsiones y paro respiratorio, todo esto con hemorragias por hemólisis. Es bien clara la acción masiva y destructiva de la biofilaxia celular, por excitación fuerte tal lo marca la ley de Arndt Schultz. Si revisamos la materia médica de Allen encontramos que este veneno produjo 1570 síntomas, la mayor parte de ellos con la dinamización 30 C., confirmando que los estímulos alejados de la fuerte acción ponderal en realidad provocan la respuesta mayor de esa particularidad indiosincaracia llamada patogenesia, nuevamente en concordancia con la ley de Arndt Schultz y en contraposición con los que sostienen que la base de toda patogenesia es sólo la toxicología.
La riqueza sintomática mental de Lachesis es patrimonio exclusivo de la patogenesia. Su desconfianza, locuacidad y celotipia, con las alternancias de melancolía, tristeza, irritabilidad y angustia son sin lugar a dudas síntomas respuestas a eso "oculto en la esencia íntima de los remedios" y "que sólo se desarrolla como fenómenos en el organismo humano", tal como lo enuncia Hahnemann en el parágrafo 20 del Organón.
La acentuada intolerancia a las compresiones especialmente en el cuello y la sensación de compresión en laringe, faringe, esófago, corazón y ano, con ahogos y disfagia, alteracio¬nes de la libido sexual y sueño se deben a igual mecanismo.
Otro de los venenos que llama la atención es Cantharis, su principio tóxico, la cantaridina, tiene propiedades estimulantes e irritativas, igual que la cumarina, pilocarpina y digitalina que actúan sobre el sistema nervioso y la fibra muscular. La cantaridina se absorbe por la piel y mucosas y puede ser mortal a la dosis de 5 centígramos. Un gramo y medio de polvo de cantáridas puede matar a un hombre.
Allen refiere 1652 síntomas de numerosos casos producidos bajo diferentes formas, des-de ingestión de insectos enteros, polvo o tintu¬ras, aspiración de humo, aplicación de un-güentos y hasta los efectos de sostener una cantárida en la mano.
Robert Graves en su novela “Yo Claudio” describe el uso de la trituración de cantáridas como afrodisíaco en el antiguo imperio romano.
Las patogenesias se obtuvieron con tinturas o las primeras diluciones decimales.
En Cantharis todo es ardiente desde la ma¬nía aguda de tipo erótico, a las inflamaciones agudas, genitourinarias o de mucosas o piel.
Muy semejante al accionar de este veneno, es el de Apis melítica con el cual a veces debemos hacer diagnóstico diferencial.
Nosotros usamos el preparado de trituración de abejas enteras. Hering, quien realizó patogenesias completas de Apis, desechaba este procedimiento puesto que llevaba otras secreciones de¡ insecto además del veneno como cera, polen, etc.
El obtenía el veneno puro quitado directa¬mente del aguijón como se hace con los repti-les.
A pesar de todo las patogenesias obtenidas no varían demasiado, en cuanto a que lo que prima es la acción del veneno, más allá de los contaminantes. Aquí también la característica es la agudeza en serosa, piel y mucosas, todo es punzante, ardiente y edematoso. Celos y erotismo.
Taréntula hispánica, este arácnido, caracte¬rizado por agitación, ansiedad y violencia, tam¬bién presenta gran agitación sexual.
Bufo, veneno glandular del sapo, con su debilidad mental y propensión a la masturba-ción incontrolable, imbecilidad y comportamiento infantil.
Refiere Farrington que algunas mujeres indí¬genas, fastidiadas por los reiterados reclamos sexuales de sus maridos, les daban a tomar mezclado en las bebidas, las secreciones oleosas de las glándulas dorsales del sapo con el fin de producirles un estado de impotencia. Recordemos aquí la rica simbología popular de ofidios, batracios y arácnidos.
Llama la atención en estos cinco venenos, uno de ofidio, dos de insectos, uno de arácnido y uno de batracio la polaridad sobre la libido sexual. Al igual que en Aranea diadema, Taréntula cubensis y Naja, la mejoría por fumar tabaco en las tres; o la sensación de frío glacial en los huesos en la primera y en la punta de los dedos en la segunda.
En el parágrafo 110, Ademán habla de los venenos reiterando la revelación segura de su poder para extinguir curativamente sínto¬mas semejantes que se presentan en las enfer-medades naturales", "que la única manera po¬sible de averiguar su poder medicinal es ob-servando los cambios que puedan producir en el organismo sano".
Aquí entramos en un terreno de relativiza¬ciones, donde se debe rever el concepto de veneno, este lo será según los resultados fina¬les, de un veneno biológico podrá salir un principio terapéutico y de un acto supuesta¬mente terapéutico surgirá un veneno, como las iatrogenias altamente tóxicas nos lo confirman en las medicinas ponderales.
Como vemos, nada tiene una sola lectura. Desde la lógica clásica aristotélica las cosas son de un modo. Pero si pensamos contra¬fácticamente, suponiendo que las cosas pue-den ser también de otro modo, no sólo debemos plantearnos cambios en los conceptos clási¬cos, sino que deberíamos tender a una epistemología homeopática.
Resumen
Esta colaboración trata de explicar lo relativo de los conceptos manejados en relación a los venenos animales y su acción terapéutica homeopática a través de la dinamización hahne¬manniana. Las diferencias entre su acción tóxi¬ca y patogenética; su justificación a través de los parágrafos 19, 20 y 110 del Organón de Hahnemann, El planteo que otros conceptos son posibles en ciencia y la sugerencia de tender a una epistemología homeopática.

 

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