HOMEOPATÍA – Junio/Julio 1995 – AÑo 2 -  n°6

 

De piojos, sarna y ladillas

 

Dr. Juan C. Pellegrino

Médico

Profesor Titular  A.M.H.A.

 

Para decepción de los que piensen que con higiene y jabón ya no habrá parasitosis externas, como piojos, sarnas, ladillas, etc., hoy se da la paradoja de que aun los más limpios las padecen. Antes que nada

hay que revisar el concepto de higiene y de externas. La higiene bien entendida no debe limitarse solamente al lavado de piel y pelos, sino que además de física debe ser psíquica y social y aquí, por supuesto, debe haber algo más que jabón.

En cuanto a llamar externas a estas parasitosis, se lo hace equivocadamente, pensando que se localizan en la superficie y que ésta es sólo una cobertura llamada piel, que nada tiene que ver con el resto del organismo. Cuando aparecen piojos, sarna o ladillas aparece el drama y las seudo‑explicaciones, así, se dice que los parásitos actuales son más fuertes que antes y se los debe combatir con antiparasitarios también más fuertes; es decir, el cuero cabelludo o la piel son meros campos de batalla, donde se lleva a cabo la lucha; pero, como éstos no son territorios inermes, también sufren la agresión que supuestamente va dirigida al parásito. Entonces, la piel puede manifestarse con una reacción tóxica, según la sustancia que se emplee o con una reacción alérgica, como respuesta de sensibilidad; o peor aún, con una metástasis (1)  mórbida si se realiza una supresión intempestiva, sin considerar los factores predisponentes.

¿Alguien se preguntó alguna vez por qué en épocas epidemiológicas activas hay individuos, niños o adultos, que no contraen la parasitosis, a pesar de estar expuestos?

Esto se debe a que no enferma quien quiere, sino quien está predispuesto a hacerlo.

El que no se contagia lo debe a que hay algo en él que está en equilibrio y lo defiende naturalmente del ataque del parásito.

El que se infecta y reinfecta, a pesar de los agresivos tratamientos, lo debe a algo más que a la presencia del parásito. Su causa está en su desequilibrio, que anula las defensas y permite la afección.

El tratamiento homeopático, con su visión integra psicofísica, tiende a equilibrarlo, evitando la predisposición a la reinfección permanente.

Cuando los parásitos están presentes se puede favorecer su eliminación con métodos que no sean nocivos para la salud, pero la verdadera curación debe hacerse de adentro hacia afuera.

Debemos tener siempre presente que nadie está enfermo por tener parásitos, sino que porque estaba enfermo, en su desequilibrio vital, pudo contraerlos.

 

1-     Metástasis mórbida: aparición de una enfermedad más profunda, más grave.

 

 

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